Parque Mauricie

Romper con la rutina. Salir de la ciudad. Escapar. Siempre. Disfrutar de Québec.
En estos tiempos de pandemia en los que no podemos salir del país, (o al menos no, como lo hacemos habitualmente), lo que se nos ofrece en esta ocasión es la inmensidad de 536 Km del parque Mauricie. 

Vamos camino hacía a este paraíso prometido, con la espalda partida en mil pedazos a causa de la rutina. Lágrimas brotan de mis ojos, pues he estado con la tensión al tope.

Vamos contentos. El llanto provoca un efecto relajante. La música: "I just die in your arms tonight", un preludio de como me gustaría morir un día, no hoy. Si, en los brazos de él.

El calorcito y  la letra de una tan-tan paran-ka-tan de Maluma me despiertan de mi ensoñación. Afortunadamente, la voz de Tina Turner hace el relevo con "What's love got to do with it".

Pronto llegaremos a nuestro destino. ¿Cómo dicen? Primero Dios.

Legamos al lugar en el que nos vamos hospedar, estiramos las piernas, el cuerpo y decidimos qué días vamos a tomar el desayuno y la cena que se incluyen en nuestro hospedaje.

La temperatura es perfecta. Se siente un aire fresco, no frío, como si Dios te acariciara la mejilla.

Algunas personas descansan al exterior del albergue. Hay unas pequeñas mesas y sillas para este propósito. Algunos saludan, otros te miran como si preguntaran : “¿por qué tendría que saludarte?”. Entonces, no saludo, sólo soy una monigota.


Después de instalarnos vamos a dar una vuelta al pueblo, a Shawinigan. Pasear al borde del lago Mauricie nos permite despejar la mente de miles de telarañas. Comemos un pollito marinado por ahí. Visita obligada al "Trou du diable".


Lago Mauricie           

Al día siguiente nos dirigimos al parque por el acceso de Saint-Mathieu. Conducimos alrededor de 25 minutos y entramos a un sendero que nos llevará a “la chute du diable”. Habíamos planeado una caminata “Dans les falaises”, pero finalmente el trayecto del diablo nos ha atrapado.


Bajamos lo necesario del auto. Yo bajo : la cámara fotográfica, mi bolsa tipo mochila en la que llevo desinfectante, liquido anti-mosquitos, pañuelos, una sudadera de manga larga y una botella con agua. Él, se encarga de los huevos cocidos, nueces, plátanos, un par de manzanas, su botella con agua.


Emprendemos el viaje. Nosotros, iremos caminando, otros van en sus bicicletas de montaña y otros corriendo con sus perros o solos. Nos deseamos suerte.


Mirador desde sendero


Aproximadamente seis km después encontramos la Caída del Diablo, que es una pequeña cascada de agua límpida. Vale la pena el trayecto, subidas y bajadas, el mirador, las ardillas de acompañantes, hongos de diferentes colores y especies, apoyar mi mano en uno de ésos pinos que perfuman mi mano a pureza con la miel que destilan. Justo lo que necesitaba. Huele a pino, y de vez en vez el sonido del aire moviendo las copas de los árboles nos hace detenernos para disfrutar del momento.


La Chute du Diable

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